🤰🚺 Este 5 de mayo se conmemora el día internacional de la partera, Noticias San Luis reconoce su labor a través de este reportaje especial.

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Mím T’sabal

Una lucha por la preservación y respeto a la partería tradicional de la zona Huasteca

Por Daniela Olivares

26 mujeres valientes de entre 30 y 99 años de edad; sabias, dotadas de una capacidad mística y sagrada, decidieron dejar atrás el miedo y defender su labor: la partería tradicional. Por ello, eligieron emprender una asociación civil que buscar reconocer, respetar y preservar este oficio milenario que les permite atender partos en las comunidades indígenas de la zona Huasteca: Mim T’sabal en Tének, Madre Tierra en español.

Aquismón, lugar de aguas color turquesa y de personas conocedoras de los poderes curativos de la tierra, es el lugar al que pertenecen este grupo de mujeres; sus comunidades las respaldan, las autoridades ejidales y comisariados las identifican y señalan como ejemplo de vida para los más pequeños.

Son mujeres indígenas pertenecientes a la tribu Tének que comparten y prestan a su pueblo las habilidades que Dios les dio: hacer llegar al mundo la vida y guiar con sus saberes a una nueva persona que será encomendada a sus deidades para que lo protejan en su camino por la tierra.

Estela Hernández, Griselda Hernández, Kenia del Carmen Fuentes y Angélica Durán fueron las encargadas de la creación de esta asociación.

Estela, es la presidenta actual de Mim T’sabal, es una joven de 36 años de edad que desde los 14 aprendió a acompañar el camino hacia la vida. Ella me permite cuestionarla acerca de su lucha por colocar a la partería en el lugar que merece y la serie de circunstancias que han tenido que atravesar en su lucha por exigir que las autoridades respeten y reconozcan su forma de sanar y ayudar en un alumbramiento.

Con la mirada brillante y un gran orgullo, Estela me indica que fue instruida por su abuela María de Jesús y por su maestra Alejandra en el camino de la partería tradicional. En todo momento de la entrevista, resalta en ella la emoción de pertenecer a un linaje de parteras de la zona Huasteca y refleja en su expresión el amor por su tierra.

Estela fue la encargada de reunir a todas las parteras del municipio de Aquismón para comenzar una lucha y una guerra que incluso les costaría un ambiente de hostilidad en su trabajo, la crítica de las propias autoridades de salud y de los extraños que desconocen el oficio.

EL INICIO

Del miedo y el enojo nació su organización, se dieron cuenta que solamente eran cuatro las parteras jóvenes que podían continuar con el legado ancestral de la partería tradicional. La preocupación y zozobra por reconocer que sus maestras son de edad avanzada y que pronto dejarían de existir, permitió dar paso al planteamiento de ¿quién se encargaría de recibir a la vida en su comunidad?. Con enojo en su voz y su mano empuñada con fuerza, relata que asistió a un encuentro de parteras organizado por la Secretaría de Salud y el Instituto Mexicano del Seguro Social; fue ahí donde una doctora proveniente de la Ciudad de México cuestionó sus conocimientos y saberes sobre cómo las parteras de Mím T’sabal llevan a cabo el trabajo de parto.

Es claro que una persona ajena a su realidad que se atreve a cuestionar sus técnicas ancestrales, provocó en el grupo de mujeres, escozor en sus corazones.

El conjunto de ambas situaciones las hizo crear un equipo para defender su profesión y, además consolidar una estructura para compartir sus conocimientos con la finalidad de aumentar el número de parteras que ayudan, acompañan, curan el cuerpo y el alma de cientos de mujeres, niños y población en general de la zona Huasteca.

Las integrantes de Mím T’sabal atienden mujeres provenientes no sólo de las comunidades que conforman su municipio, sino de otros estados de la República como Oaxaca, Aguascalientes, Querétaro, Zacatecas, entre otros. Incluso brindan acompañamiento a mujeres de países como Italia y Canadá, las cuales deciden viajar de manera mensual a Aquismón para recibir atención obstétrica en medio de la selva, la cual les permite traer a un nuevo ser vivo rodeadas de naturaleza, confianza, calor y sabiduría.

3 años y medio, es el tiempo exacto que su organización lleva activa. Han logrado que cada una de las 26 maestras parteras tengan a su cargo entre una y dos aprendices de edades que van desde los 9 hasta los 20 años de edad y que regularmente son sus hijas, nietas, sobrinas o ahijadas. Aunque las jóvenes interesadas que no comparten un lazo consanguíneo, también pueden acercarse.

Con un sentimiento de emoción y tocando siempre su corazón, Estela me platica que, de esta manera, Mim T’sabal ha logrado incrementar la capacidad de atención en materia de salud en sus comunidades. Sin embargo, aseguran que aún falta desarrollar el instinto cósmico de recibir la vida entre las mujeres de su municipio, para cubrir la alta demanda de embarazadas que buscan el acompañamiento de una partera tradicional durante su gestación.
Ellas anhelan que algún día Aquismón pueda tener una partera tradicional en cada una de sus 209 comunidades.

PARTERA VS OBSTETRA, ¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?

La partería como la forma de llegar a la vida, ha sido desde hace siglos la manera en que las mujeres de la zona Huasteca buscan para sentirse acompañadas en un proceso tan importante como lo es el embarazo.
Estela, asegura que la diferencia entre un médico general o especialista y ellas, es que las parteras respetan, no juzgan “nosotros nunca vamos a criticar tu casa, si te bañaste, si eres rica o pobre. Solo nos interesa ayudar a dar vida”. También me explica que las parteras además de acompañar el aspecto médico, también cobijan a las mujeres con su manto espiritual y las ayudan a sanar en el ámbito sentimental y emocional. Pero remarca de manera muy incisiva que, sobre todo, permiten que la mujer decida como quiere parir; acompañada, parada, gritando, llorando, pero principalmente garantizado que no sufrirán de violencia obstétrica la cual daña a miles de madres que son víctimas a diario en nuestro estado de esta práctica que se ha vuelto común en clínicas y hospitales.

Pese a que el sector Salud asegura que respeta y reconoce esta labor, la verdad es otra. De acuerdo con información proporcionada por las parteras, en constantes ocasiones han sido criticadas por la manera de realizar su trabajo. Insalubre, peligroso, poco profesional son tan solo algunos de los calificativos que reciben por parte del sector salud. Noto en la voz de Estela, la rabia y el coraje que siente cada vez que me refiere como las autoridades no respetan la manera en que los indígenas ven, entienden, sienten y comprenden la vida.

Han sido víctimas en repetidas ocasiones de situaciones que vulneran su integridad física y emocional. Como por ejemplo el que desde su trabajo se les anuncie el retiro de su cédula profesional (cabe resaltar que de las 26 parteras que conforman Mím T’sabal, cinco son profesionales de la Salud) o llegar incluso a rescindirles el contrato hasta que decidan dejar de practicar la partería. Sin embargo, entre ellas sonríen y comprenden lo fuertes que son al emprender una batalla contra la discriminación laboral y salir siempre victoriosas.

“Incluso una vez la exsecretaria de Salud, Mónica Rangel nos citó en la capital para decirnos que estábamos practicando partos peligrosos, quería que dejáramos de hacerlo”, señalaron.

Gracias a que sus autoridades comunales y ejidales a través de una asamblea general decidieron enviar un acta a la autoridad estatal de salud, respaldando a las integrantes de Mím T’sabal, lograron que la exfuncionaria carrerista dejará de intervenir y cuestionar su trabajo.

Sin embargo, sufren otras micro dosis de violencia, como el constante acoso del personal de Salud que las amenaza con meterlas a la cárcel por practicar la partería; situación que afecta principalmente a las parteras de edad avanzada y que ha provocado que algunas de ellas dejen de brindar sus servicios por miedo a ser juzgadas por una autoridad judicial.

Lamentan que a pesar de que es una profesión que tiene más de un siglo practicándose y donde a través de ella se ha ayudado a reducir el índice de mortalidad materna y neonatal, puesto que los centros de salud comunitarios se encuentra a horas de las localidades; se siga estigmatizando y degradando su labor comunitaria.

CERTIFICADO DE NACIMIENTO, LA LUCHA POR EL RECONOCIMIENTO

Las parteras ni siquiera pueden firmar el certificado de nacimiento de los pequeños que ayudan a nacer, es a través de un acta firmada por la partera y las autoridades comunales, una copia del INE de la partera, acta de un juez y del síndico, que las madres de los recién nacidos acuden a los servicios médicos para recibir el certificado de nacimiento. El cual finalmente termina firmado por un médico que ni siquiera les brindo una sola consulta durante su embarazo. Sin dejar a un lado que este trámite burocrático puede tardar hasta más de 15 días, volviéndose un viacrucis para las mujeres recién paridas, que atraviesan un puerperio sangrando y luchando contra sus emociones, las cuales buscan que se reconozca la existencia de su pequeño hijo. Señalan que el Registro Civil también violenta el derecho de los recién nacidos a ser reconocidos, al exigirles el certificado de nacimiento expedido por una autoridad de salud y no permitiendo que sea el acta de la autoridad local la que tenga validez oficial para expedir el acta de nacimiento. Respeto y reconocimiento son palabras que Estela repite de manera constante al contarme como se les desplaza y desconoce en un trámite legal que le da identidad a un nuevo ser de su comunidad.

En ese sentido, Estela refiere que en muchas ocasiones las mujeres que las visitan deciden recibir a sus bebés en centros de salud, para así evitar el ajetreo que debido a la negativa de la autoridad para expedir documentos oficiales le provocará si deciden elegir una partera tradicional.

Las leyes aún son escuetas en materia de protección de usos y costumbres, pues a pesar de que el propio registro civil a nivel nacional les ha explicado que no existe impedimento legal para negar un certificado de nacimiento a un menor que ha sido recibido por una partera. La realidad es que en la actualidad ninguna mujer partera puede firmar el documento que constante el nacimiento de un menor al que cuidaron por nueve meses.

Desde el activismo han logrado tener acercamiento con diputados, secretarios, directores de áreas. Sin embargo, las parteras acusan a los funcionarios y funcionarias de solamente querer tomarse la foto “con las del traje bonito”. Aquel quechquémil de colores brillantes y su petop, que es un tocado que realizan enredando a la cabeza con cordones de estambre guinda, verde, rosa o naranja, según su estado civil. Ropa que les da identidad como pueblo y que a través de ella plasman gran parte de la mitología de su cultura prehispánica y que para los extraños solamente representa una buena “selfie”.

Más allá de capturar la fotografía con ellas, aseguran que los políticos y políticas que deberían de representarlos, no muestran interés por las opiniones ni solicitudes que Mím T’saba le expresa. Sin importarles la cantidad de problemas sociales alrededor de la partería tradicional que afecta a los pueblos originarios de una manera lacerante.

SISTEMA DE SALUD PRETENDE ADUEÑARSE DE SU AUTONOMÍA E IDENTIDAD

Mím T’sabal señala que desde el Gobierno Federal se ha querido medicalizar su profesión por medio de una reforma a la Ley General de Salud, que pretendía entregar certificados a las parteras que cumplieran con ciertos estándares. Sin embargo, gracias a la unión de las parteras de todo el país, se logró declinar esta propuesta.

“A mí solo me interesa que mi comunidad avale mi trabajo, no las autoridades de salud”, puntualiza Estela.

La federación también ha querido crear la Norma Oficial Mexicana -NOM- para el ejercicio de la partería tradicional, opción que ellas consideran que lástima su autonomía como pueblos indígenas y que además aseguran busca centralizar la medicina alternativa para que las autoridades se adueñen de algo que no les pertenece y que los pueblos originarios pierdan su identidad y autonomía.

Cabe resaltar que Mim T’sabal reconoce el impulso que les ha brindado la Agenda Nacional de Partería, proporcionándoles recursos económicos y académicos para asistir a foros nacionales por la defensa de su profesión.

Las parteras huastecas piden a las autoridades de los tres niveles de gobierno: respeto a la ley y jerarquía de los pueblos indígenas, reconocimiento legal del sistema de salud que se emplea en las comunidades indígenas y, que reconozcan a la partería como un pilar importante en la Ley General de Salud.

“No pedimos que nos construyan nada, ni que nos den dinero. Solo que nos respeten”.

¿CÓMO REALIZAN SU TRABAJO?

Un tepetate limpio, una barrida, una trapeada con cloro, sábanas limpias y eliminar la tierra suelta; son los únicos requisitos que una partera solicita a la nueva madre para recibir a su recién nacido. Las casas de las interesadas o de las parteras, son el escenario perfecto para recibir al bebé.

Miles de mujeres han sido atendidas por Alejandra, Adela, María Epifanía, Francisca, Gertrudis, Estela, Griselda, Kenia y las otras 19 parteras tradicionales, que me solicitaron omitir su nombre por miedo a las represalias de alzar la voz.

En conjunto Mím T’sabal ha participado en más de 3 mil alumbramientos y diversos procesos de medicina alternativa que han permitido curar a su comunidad y a los interesados en su propuesta de salud.

Sobre el riesgo que implica atender un parto, Estela explica que través de las “sobadas” se dan cuenta si la madre tiene que ser trasladada a un hospital para que se le practique una cesárea. Asegura que jamás se atreverían a tomar un parto que no es de ellas, por eso a las 37 semanas de embarazo le comunican a la madre si es mejor que sea atendida en un centro de salud para no poner en riesgo la vida de ella y de su hijo.

Reciben por su labor desde 50 pesos hasta gallinas, frutas o verduras como intercambio a su servicio de consultas de más de dos horas o por el alumbramiento. Reconocen que la partería no es una profesión en la que se puedan obtener ingresos onerosos, pues refieren que la intención no es esa y de realizarse la partería perdería su esencia de ayudar y acompañar.

Las parteras no sólo ayudan a parir, son multidisciplinarias; realizan cierres de ciclo para que una mujer se pueda embarazar, soban para acomodar la cadera, brindan métodos anticonceptivos naturales, son mujeres que abandonan sus hogares para vivir en las casas de las mujeres recién paridas hasta un mes con la intención de acompañarlas y apoyar en su nueva etapa de mujer madre.

No sólo eso, también brindan atención médica general a toda la población e incluso acompañan a las mujeres que no desean maternar.

Las mujeres de manos cálidas, caminan por horas a través de brechas y veredas para atender a las mujeres que solicitan sus servicios, “escuchan cosas en el monte” en sus trayectos por la madrugada cuando se trasladan hacia el hogar de la mujer que va a parir, las de edad avanzada se escapan de sus hogares para atender sus compromisos. Así son las parteras huastecas, así son las integrantes de Mim T’zabal y ellas seguirán defendiendo el cúmulo de experiencias ideológicas, culturales, conocimientos médicos y la mística profundamente clavada en el ser de pertenecer, crecer y convertirse en la mujer que recibirá a generaciones enteras de una comunidad.

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